Hasta cierto punto, es extraño que a las personas nos gusten los museos, espacios cerrados para mirar. Por alguna razón nos gusta ver objetos que hicieron otras personas a lo largo de muchos años. Recuerdo la primera vez que vi una pintura de Monet en el Museo Orsay y la conexión inmediata que sentí con su obra, no lo sabía expresar en palabras pero la belleza se sentía y no podía dejar de ver sus cuadros, quería quedarme ahí horas solo mirando y sintiendo. Todo es extraño: conectar con un cuadro, con una persona en una plática, con un texto que alguien escribió antes de que nacieras. El arte y la palabra.
Tiempo después me enteré que en el Palacio de Bellas Artes, había una exposición sobre el impresionismo y obviamente traían varios Monet, Con el tiempo y ya más viejo sus pinturas me seguían provocando lo mismo, ya no fue la experiencia de la primera vez, pero el sentimiento adictivo perduró. Fue en 2025 cuando además de la mirada jugaron la duda y la razón. Las líneas estaban difuminadas, el contorno no está en el centro de la pintura, hay prioridad por la luz, por el color, incluso por el aire. El aire no se pinta con líneas.
Claude Monet fue un revolucionario en el arte. Se distancia del sistema académico francés y del realismo como un objeto sólido, con límites claros en la pintura, de las líneas y los contornos marcados. Monet decide no pintar objetos a través de la realidad y los límites establecidos, sino sus impresiones simbólicas, como diría en tono de burla Louis Leroy, “esto no es un cuadro, es solo una impresión”. Al decidir pintar la luz, los objetos y las líneas se difuminan.
Si observamos, por ejemplo, “Saint-Georges Majeur au Crépuscule”, podemos apreciar cómo el horizonte y cada una de las formas no está creada por líneas, por límites y contornos, sino por colores y pincelazos. A esta niebla nuestros ojos le dan forma. Aún esta impresión que no es idéntica a la realidad dada, la vemos y la sabemos como un atardecer. En sus pinturas no se manifiesta la realidad a través de las bases simbólicas que se consideran regla o norma. Y sin embargo el atardecer sigue existiendo en el Monet. No es a través del cumplimiento normativo como se crea la realidad, sino a través de los fundamentos o ideales (platónicos) donde se expresa la realidad antes de exista. Es entonces necesario que en un inicio haya un cambio en el ideal más allá de la realidad para poder modificarla. Cambiar en un primer momento lo simbólico que consideramos real y debido.
Difuminar las líneas, los límites simbólicos, y los parámetros que sustentan las normas, es el camino para cambiar los sistemas jurídicos y la realidad. En Acontecimiento, Zizek nos plantea que los verdaderos cambios, las revoluciones y transformaciones de la realidad, no surgen de las mismas líneas y normas sociales, sino que derivan del cambio en la apreciación simbólica de la realidad. En su reinterpretación del mundo de las ideas de Platón, el plano ideal que estructura las bases y fundamentos de la sociedad/realidad no es universal, metafísico y estable por la eternidad, sino que se modifica a través de la modificación de lo simbólico y del inconsciente. Esos cambios en el plano inconsciente e ideal inician con difuminar las líneas dadas como realidad estática, incluso natural y biológica. Zizek además insiste en que el acontecimiento no introduce una nueva realidad, sino que vuelve imposible seguir viendo la realidad como antes.
El sistema jurídico actual no se va a volver más justo si lo observamos en las líneas, conceptos y aspiraciones de justicia que tenemos pintadas en el plano simbólico -ideal- de la realidad actual. Plano simbólico -ideal que no ha surgido naturalmente, ni es metafísico, sino que se ha establecido en la sociedad (homogénea) por la posición dominante, por quién ejerce el poder. Hoy quien ejerce el poder ya no es una voluntad personal o un rey, es un sistema económico de producción y consumo. Estos límites, líneas marcadas por el sistema, se manifiestan en los deseos (de año nuevo). Por eso es necesario modificar las bases del ideal para establecer un deseo auténtico que termine por volver real los anhelos internos.
Otra vez año nuevo, temporalidad donde se mandata desear en voz alta (y gracias a Dios brindar). Es necesario seguir deseando, pero mirando a Monet. Observemos sus pinturas y cómo sus trazos nos enseñan otras formas de percibir la realidad, recordemos que el estricto cumplimiento normativo, el ciudadano/contribuyente bien portado no cambia la realidad dada. El sistema jurídico, el sistema tributario, incluso el sistema de derechos humanos, son creaciones que han surgido de una línea trazada por la posición dominante; ya lo dijo Bataille, palabras más, palabras menos: cumplir con las normas en una sociedad democrática, incluso en momentos de inconformidad con la realidad, no cambia los sistemas, solo provoca fascismo. No dejemos de desear lo propio, lo auténtico, lo no homogéneo, lo antinormativo, lo realmente bello, no dejemos de desear fundamental y reiteradamente, lo indebido. Feliz año 2026.
MARCO AGUSTÍN RAMÍREZ RODRÍGUEZ
Abogado fiscalista, constitucionalista y especialista en Derechos Humanos.
Fundador y CEO de MR Boutique Legal
Director General de CIEJUF
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