Derecho a la mirada

En una pequeña sala del centro de Oaxaca, el domingo antes del anochecer se proyectó “Generaciones en Resistencia”, documental que expone, desde las voces y las miradas de un colectivo de mujeres afromexicanas, principalmente de la costa del Pacífico oaxaqueño, su realidad, sus luchas, los retos que enfrentan y los lugares a los que aspiran a llegar; las relaciones al interior y exterior del colectivo y los resultados de sus luchas durante varias generaciones. Vemos las problemáticas a las que se enfrenta la mujer afromexicana, que casualmente están cruzadas por la pobreza, la discriminación racial, la misoginia y la marginación; además, se enfrentan también a la organización interna del colectivo y a la complejidad de ver, en tiempo real, triunfos y avances de sus desgastadoras y motivadoras luchas diarias. A destacar de la película es que, afortunadamente, no hay un académico-experto-universitario-doctor-en-estudios-de-opresión-afromexicana explicando su situación, interpretando sus realidades y sentires o ensayando sobre teorías filosóficas, económicas o sociológicas de la situación de la mujer afromexicana: solo ellas hablando, mostrando su universo desde su mirada.

El mismo día y como parte de la segunda Muestra Oaxaca “Cine para la Vida”, se llevó a cabo en la Biblioteca Andrés Henestrosa un conversatorio entre la cineasta Yoari López, quien fue seleccionada para participar con su documental Ni racaladxe’ (Lo que yo quiero) en el Festival de Cine de Morelia, correalizado con Patricia Matus Alonso, obra en lengua zapoteca; el cineasta Yovegami Ascona, quien también exhibió su documental en esta segunda muestra, “Boca Grande”, que narra la vida de un pueblo costero oaxaqueño y sus memorias; y el actor Manuel Cruz Vivas, recientemente nominado al Ariel en la categoría de Mejor Coactuación Masculina por su trabajo en “Cocodrilos”. Nos permitieron escuchar sus posturas, pensamiento, visiones, la realidad y actualidad del cine oaxaqueño y los retos a los que evidentemente se enfrenta.

En un momento de la conversación, Yovegami trató la necesidad de acercar el cine a las comunidades oaxaqueñas. Propone que se debe hacer consciente a infancias y adultos de que ser cineasta es un oficio importante en la sociedad, como el carpintero, el carnicero, el zapatero, etcétera. Es necesario que se entienda la necesidad de que las personas y comunidades oaxaqueñas se expresen, que existe en el mundo el cineasta y que su oficio es una herramienta indispensable para exteriorizar lo que se vive, lo que se ve y cómo se ve. Saber desde la realidad oaxaqueña que hacer cine es reconocer que se tiene el derecho a mirar, a decir lo que se ve, lo que se es, a existir.

Reconocer al otro es otorgarle el milagro de ser nombrado, de permitir la configuración del sujeto otro desde su propia mirada del mundo, de su realidad. Permitir mostrar lo que se mira es reconocimiento sin apropiación; esa pequeña posibilidad de mirar lo que mira es el inesperado milagro de conocer sin narcisismo, sin la natural necesidad de ejercer poder. Ver en una obra lo que el otro mira nos permite incluir su alteridad, ampliarnos para ser en y con el otro.

Tal vez por eso el autor surcoreano Han afirmará, con bases foucaultianas, que el verdadero poder no se ejerce contra la voluntad del otro, sino que se produce en las relaciones humanas cuando uno conoce-reconoce al otro y amplía su mismidad en el otro. Aprende de ese otro mundo. El ejercicio del verdadero poder no destruye al otro, no lo consume ni agota su subjetividad. Al estudiar a Foucault, en su ensayo “Sobre el poder”, el surcoreano reconoce que el poder es productor, y su expresión requiere relacionar y traspasar los cuerpos que se conciben, se reconocen existencia y se relacionan entre sí. Lo que el poder puede producir no es nunca unilateral, es relacional.

Si bien el derecho a mirar es necesario para reconocer al otro, el sistema moderno de derechos humanos se torna una oposición del derecho a mirar al construirse como un sistema de absorción y sometimiento de sentido. Los conceptos neo-occidentales y cada vez más obsoletos de derechos humanos, sociales y culturales se han vuelto, o tal vez siempre lo fueron, sistemas condicionales de satisfacción de necesidades. Su otorgamiento y reconocimiento requiere previamente insertarte en una forma determinada: reconozco tus derechos, pero siempre que te introduzcas, voluntariamente o por la fuerza, al límite de las intensidades permitidas por el Estado y por el sistema económico capitalista. ¿De qué otra forma puede otorgarte derechos? Es impensable para los sistemas de justicia permitir una existencia real desde la mirada que surge afuera del margen, afuera de las máquinas acopladas de producción y deseos sociales.

El derecho a la mirada es entonces peligroso en la medida en que se torna un agente generador de nuevas posibilidades de ser, de existir, de convivir y de relacionarnos con el otro. El realismo del propio sistema de derechos humanos, de letras románticas pero de prácticas opresoras, vuelve impensable que sea el propio sistema, sus leyes y jueces, las instituciones estatales, las que permitan incorporar estas miradas, no sin antes gestionarlas y organizarlas conforme el Estado y el capital lo necesitan. Cuando leamos una sentencia de apariencia progresista que reconoce singularidades, minorías y otras formas de organización, deberemos leer también el subtexto de cooptación. Sin embargo, es justo en lo impensable donde su vivacidad, su autoexistencia y autorreconocimiento provocan las mayores fuerzas creadoras de Otra vida posible, antiorganizada, que no necesite validez de realidad, y es esa falta de validez la que produce el bonito milagro de ser al mirar.

Lic. Marco Ramírez Rodriguez

MARCO AGUSTÍN RAMÍREZ RODRÍGUEZ

Abogado fiscalista, constitucionalista y especialista en derechos humanos.

Fundador y CEO de MR Boutique Legal

Director General de CIEJUF

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