La norma es el Dios creador y toda creación es sometida al segundo Dios: el dominador. Una vez creado el juego es sometido al poder. Después del génesis existe una continuidad en la implementación de las otras reglas, su finalidad ya no es el partido, ni Adán, ni Eva; es la conservación y fortalecimiento del poder. Cuando Adán anotó el primer gol en Edén, fue expulsado sin necesidad de acudir al VAR, esta herramienta nació después del asesinato de Abel, en el destierro, en el mundo, y su implementación no nació con la creación del juego, sino después, cuando el progreso tecnológico permitió un mayor grado de control. Las herramientas de control siempre son artefactos de dominio.
El progreso del juego no tiene relación con su ontología. Es el resultado de acciones automatizadas, consecuencias “naturales” del dominio de un sistema económico no-humano, la marcha en automático de un modelo político de aceleración que no se orienta a preservar el espíritu de la creación, de los objetos y el juego; su finalidad última es la producción de capital y el aumento del consumo, ya no se trata de ver y apreciar el deporte, solo de consumir la Copa Mundial de la FIFA 2026, todos los derechos protegidos y reservados por FIFA Co. Las nuevas normas, no son implementadas para preservar y mejorar el espíritu del futbol, son normas económicas. La economía no es espiritual, a través de los procesos de mercantilización, las cosas pierden su sustancia, su espíritu, tal como lo expresa Hanna Arendt, cambiamos lo permanente en el espíritu de las cosas humanas por lo consumible.
Pero toda norma produce antinormas. Reglas no oficiales que irrumpen lo cotidiano y normalizado del dominio, con el beneficio del reconocimiento colectivo, su aceptación y voluntad de (in)cumplimiento. A pesar de ser testigos de uno de los eventos deportivos más manoseados, manipulados y controlados por el capital a través de reinterpretaciones al reglamento solicitadas por el elegante y destacado Trump, de la utilización de la herramienta tecnológica y de progreso: VAR, para vigilar y castigar equipos no deseados en el campeonato, de la manipulación dolosa de costos de entradas y alimentos en estadios bajo pretexto de haber sido provocado por la demanda del evento, aunado a la ridícula entrega del premio a la paz, ajeno al deporte, y realizado por una empresa deportiva a un criminal gen0$ida; se siguen produciendo antinormas.
Como en ninguna otra competencia oficial se han vendido camisetas de futbol piratas con una aceptación popular inusitada. El esnobismo está en peligro y muy lejos de ser una fiesta de exclusión, de elitismo y de trasladarse a lo privado (paquetes de televisión de paga, prohibiciones en restaurantes y bares, bloqueos en vialidades para impedir la movilidad hacia el estadio), la sociedad lo resignificó en lo público. Un ángel de la independencia, una Minerva y decenas de plazas públicas y calles, que albergaron más de un millón de personas, espacios de fiesta espontánea, música, norteño y ventas clandestinas de piratería, comida y alcohol, sin regulación y sin pagar derecho de piso a la FIFA y patrocinadores. Esa fue la normalidad, la antinorma.
El fenómeno de la producción antinormativa también ocurre en la cancha ultra-regulada, donde el mecanismo de control: VAR, eliminó a Egipto e Irán, no sin antes haberle anotado un par de golazos a la norma, aunque esta misma impidió que se reflejaran en el marcador oficial, la antinorma los volvió resistencia, ejecutores de acciones que desestabilizan la competencia hasta el grado de perder una de las pocas cosas que les otorga poder, además del capital, la credibilidad. La antinorma: Utilizar una bandera de palestina en el país anfitrión que normativamente, establece que pronunciarse en contra de un genocidio que ocurre en tiempo real, es equivalente a apoyar actos de terrorismo -sea cual sea el significado que la norma pretende otorgar a ese vocablo-. La antinorma: Países no deseados como Cabo Verde logren impedir que España, Uruguay, Arabia Saudita y la campeona Argentina puedan ganarles en 90 minutos de tiempo regular. Es antinormativo que en el mundial del país que más actos de racismo permitió y cometió contra delegaciones de selecciones afrodescendientes, haya sido el mundial donde por primera vez en las historia llevó 10 selecciones africanas al Mundial y 9 de esas selecciones lograron clasificarse a la primera ronda eliminatoria (dieciseisavos de final o Round of 32), estableciendo un récord absoluto.
Sin embargo, la aparición de las antinormas no logra ganar el partido regulado por el dominio y el progreso del sistema económico, la antinorma no gana campeonatos, en el mundial serán derrotadas en penales, no sin antes abrir la grieta en la que florecerá la esperanza de la conservación del espíritu del futbol que es el reconocimiento de la existencia del Otro.
MARCO AGUSTÍN RAMÍREZ RODRÍGUEZ
Abogado fiscalista, constitucionalista y especialista en derechos humanos.
Fundador y CEO de MR Boutique Legal
Director General de CIEJUF
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